Me encanta esa sensación de placer que siento cuando la radiante luz del sol me despierta,
y vagamente miro el reloj y sé que aún me queda una hora de relajante sueño.
Mostrando entradas con la etiqueta Castellano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Castellano. Mostrar todas las entradas
miércoles, 30 de diciembre de 2015
sábado, 14 de noviembre de 2015
El último pasajero
EL ÚLTIMO PASAJERO
David es un chico joven, rebelde, pero a la vez cariñoso, de familia humilde, pueblerino, que lleva ahorrando durante tres duros años para irse de crucero por el tranquilo y relajante Mediterráneo.Llega el día tan deseado. Todo va sobre ruedas, la mar está tranquila como nunca, la familia se relaja en las piscinas calientes, comen de maravilla…
Pero todo da un giro radical cuando una mañana David se despierta solo en su pequeño camarote, y solo, completamente solo en el barco ¿Lo habrán abandonado en medio de las interminables aguas oceánicas? ¿Cuál habrá sido el motivo?
David, asustado, buscará sin descanso por todo el barco cualquier pista que le pueda ayudar, cualquier esperanza para salir de ese maligno lugar que le ha separado de sus familiares ¿Conseguirá encontrar vida en el barco? ¿Logrará salir de ahí?
Descúbrelo en esta novela llena de intriga y misterio.
jueves, 8 de octubre de 2015
Estrofa Nemotécnica
Cuánta pena siento por él,
no sé qué le sucederá,
pero cuanto más estemos consigo,
más contento estará.
jueves, 1 de octubre de 2015
El Tsunami
El Tsunami
¿Sabes ese momento en que pierdes a
toda tu familia y lo único que te queda es la esperanza de
una vida mejor? Qué hastío verme solo
ante esta desgracia… Pues justo en este punto estoy yo.
Soy Marcos,
un niño cualquiera, con quince años recién cumplidos y acabado de entrar en el mundo de la
adolescencia. Vivo en un humilde pueblo de Méjico, llamado
Tampico, donde abunda el comercio local mayoritariamente.
Todo empezó aquel día, con aquella triste llamada, informándonos de una trágica noticia.
Al principio, no sabía de qué trataba, pero
cuando bajé al salón y vi a mi
madre con sus habituales ojos llorosos, ya me imaginé que algo terrible.
Mi madre me
informó de todo lo sucedido, mi abuelo había sufrido un infarto en el corazón debido a su ínfima salud, y
en esa misma tarde, preparamos las
maletas a toda prisa (porque los abuelos vivían a una hora
y media de casa) para poder llegar lo antes posible al hospital.
Por el
camino, cuando ya llevábamos media hora conduciendo, tuvimos
la mala suerte de reventar una rueda. Por pura casualidad, habíamos quedado parados delante de una gasolinera, Repsol, El
dueño vino a ver qué nos pasaba y
nos ayudó a cambiar la rueda pinchada por la de recambio.
Una vez todo
listo, volvimos a el asfalto, convencidos de que el abuelo estaría bien.
Cuando ya
estábamos a punto de llegar, tan solo faltaba unos diez minutos,
unos estranjeros, que conducían detrás nuestro nos
estaban pitando descaradamente pidiendo paso con las luces exigentemente y no
entendíamos por qué, hasta que me fijé en lo que se acercaba detrás de nosotros:
un gigante obstáculo que nos impedía continuar el viaje...
Un
monstruoso e inexorable tsunami. En ese momento, aparcamos de inmediato, y
empezamos a buscar un lugar alto y seguro.
Sin pensar
en mi familia, vi desde lejos un árbol muy alto
y robusto, y sin pensármelo dos veces, me subí a él.
Desde ahí arriba, pude ver el tsunami arrasando todo lo que se ponía en su camino, y acercándose y acercándose, hasta que ya lo tenía delante.
El tsunami
era tan gigante y monstruoso que casi logró alcanzarme,
entonces cerré los ojos, sabía que era mi última opción, tenía que enfrentarme ante esa gigante
amenaza. ¿Pero cómo?
Cuando abrí los ojos, ya había pasado todo,
y desde lo alto del árbol, contemplé el paisaje completamente arrasado, no quedaba nada! Y en ese
instante, recordé a mi familia, ¡los había perdido!
Bajé inmediatamente del árbol, empecé a correr y correr por
la carretera, y de enseguida vi el hospital. Sin ningún rasguño, entré dentro a toda
prisa, estaba lleno de heridos por el tsunami, busqué y busqué, y al fin encontré a mis
abuelos, que se recuperaban plácidamente del asunto del infarto sin
percatarse de lo que sucedía en el exterior.
Mi abuela al
verme tan aterrido me preguntó dónde estaban
mis padres, y yo llorando les contesté...
Desaparecidos.
Arnau Fusté y Arnau Tomàs 3ero A
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

